Se trata de cuatro estudiantes de la Licenciatura en Historia de la Universidad de Chile- Trinidad del Pino, Pía Aguirre, Karen Ehrenhaus y Katherine Ortega- quienes participarán durante el primer semestre de 2026 en las pasantías de investigación en Memoria Chilena, una experiencia formativa impulsada en conjunto por el Departamento de Ciencias Históricas de la Facultad de Filosofía y Humanidades y la Biblioteca Nacional de Chile.
La iniciativa se desarrollará a lo largo de 18 semanas y tiene como propósito vincular la formación universitaria en Historia con una experiencia concreta de investigación en patrimonio documental, revisión de colecciones, selección de fuentes y elaboración de propuestas de investigación para el desarrollo de minisitios del portal Memoria Chilena.
Memoria Chilena es una plataforma de contenidos de la Biblioteca Nacional de Chile que ofrece acceso a las colecciones de la institución a través de investigaciones orientadas a estudiantes, investigadoras e investigadores y público general. Su trabajo se articula mediante minisitios dedicados a personas, obras, procesos y acontecimientos relevantes de la cultura nacional, los que integran presentaciones, documentos, imágenes, cronologías, bibliografía y cápsulas temáticas.
En este marco, las pasantías permitirán a las estudiantes conocer de primera fuente una metodología de trabajo que combina investigación histórica, criterios de selección documental, producción de contenidos y difusión pública del conocimiento. Entre los productos esperados del proceso se encuentran fichas bibliográficas, cronologías temáticas, propuestas de minisitio e informes finales elaborados con acompañamiento del equipo de Memoria Chilena.

Mauricio Folchi Donoso, director del Departamento de Ciencias Históricas, señala que “la dinámica de trabajo de Memoria Chilena es una experiencia formativa muy valiosa para nuestras estudiantes porque se trata de generar contenidos que responden a un requerimiento específico, con sus propios protocolos de validación, es decir, es una experiencia totalmente real y no simulada, como suelen ser las actividades de enseñanza-aprendizaje que realizamos en el aula. Es por lo tanto, una instancia ideal para complementar la formación de las y los licenciados en Historia”.
Alejandra Araya Espinoza, académica del Departamento de Ciencias Históricas y coordinadora de la iniciativa, destaca que “las pasantías de nuestra licenciatura son una experiencia nueva en la formación y que, siendo parte de la malla, están curricularizadas académicamente, lo que nos llevó a explorar una modalidad tutelada por ambas instituciones, pues se deben ajustar al perfil de egreso”. De este modo, explica, “se trata de un aprendizaje de investigación situada, concreta y aplicada a una demanda pública y social”.
“En el caso de Memoria Chilena, un proyecto pionero a nivel latinoamericano de producción de contenidos web, nuestras estudiantes podrán aprender con equipos de alto nivel tanto estrategias de investigación en historia pública, como investigación aplicada a la puesta en valor del patrimonio que resguarda una institución tan relevante como la Biblioteca Nacional. Es una forma directa y bidireccional tanto de aprendizaje académico, de vinculación con el medio y de aproximación a la vida laboral futura en formas innovadoras”, subraya.
La experiencia contempla tanto trabajo presencial con colecciones de la Biblioteca Nacional como horas indirectas destinadas a la elaboración de adelantos, construcción de aspectos de investigación y formulación de propuestas. A ello se suman instancias de retroalimentación periódica, presentaciones orales y acompañamiento continuo por parte del equipo encargado de guiar las pasantías.

Por su parte, Camila Gatica Mizala, académica y coordinadora de Pregrado del Departamento de Ciencias Históricas, subraya que “las pasantías juegan un papel importante en la nueva malla de la Licenciatura porque son parte de la línea de vinculación con el medio y porque dan cuenta del rol social de la historia como disciplina. Estamos muy contentos, porque han generado mucho interés por parte de las y los estudiantes de la Licenciatura y es un programa que ha ido creciendo para incorporar nuevos espacios a los que las/os estudiantes pueden postular y aprender haciendo”.
Junto a su dimensión académica, esta iniciativa pone en valor una concepción de la investigación histórica ligada al acceso público al patrimonio y a la circulación social del conocimiento. En ese sentido, la pasantía no solo fortalece habilidades metodológicas en las y los estudiantes, sino que también las aproxima a una práctica situada de mediación entre archivo, interpretación y difusión.
Universidad, patrimonio e investigación
Las estudiantes seleccionadas para esta experiencia se incorporan a un proceso de trabajo orientado a colaborar en la elaboración de nuevos contenidos para Memoria Chilena, a partir de la revisión bibliográfica y documental de materiales resguardados por la Biblioteca Nacional. Se trata de una instancia que no solo amplía sus herramientas de formación disciplinar, sino que también las vincula con una práctica concreta de producción y circulación pública del conocimiento histórico. En ese cruce entre universidad, patrimonio e investigación, la pasantía abre un espacio de aprendizaje situado, donde el trabajo académico dialoga con archivos, colecciones y plataformas de acceso abierto.
Uno de los elementos que aparece con mayor fuerza en sus testimonios es el valor de esta experiencia como un puente entre la investigación universitaria y su proyección social. Para Karen Ehrenhaus, la motivación principal para postular estuvo precisamente en ese punto de encuentro. “Memoria Chilena representa un espacio donde la investigación histórica se vincula directamente con la difusión pública del conocimiento”. A ello suma el valor formativo de trabajar en la Biblioteca Nacional, lo que, a su juicio, constituye “un acercamiento directo al patrimonio documental” y una oportunidad concreta para desarrollar habilidades de investigación aplicadas, trabajo con fuentes primarias y comprensión de los procesos de construcción de contenidos digitales.
En esta línea, Trinidad del Pino sitúa la posibilidad de intervenir en uno de los principales espacios de mediación patrimonial del país. Según plantea, la motivó “su rol como el principal escaparate del patrimonio nacional y la idea de poder trabajar en la matriz del archivo”. Desde su perspectiva, la experiencia representa además un desafío decisivo para la formación de una historiadora: aprender a comunicar el pasado de manera rigurosa y, al mismo tiempo, cercana. “Me motiva el desafío de aprender a comunicar el pasado de manera atractiva, encontrando el equilibrio entre el rigor académico y un lenguaje narrativo que logre salir de esta esfera y pueda conectar con un público diverso y no especializado”, afirma.

La dimensión metodológica de la pasantía también aparece como un aspecto central. El trabajo en Memoria Chilena supone involucrarse en tareas específicas de sistematización bibliográfica, localización y selección de fuentes, organización de contenidos y construcción de minisitios. En este ámbito, Pía Aguirre releva precisamente ese flujo de trabajo como uno de los grandes aprendizajes que proyecta esta experiencia. “Me tiene muy entusiasmada cada proceso de la investigación, desde la sistematización bibliográfica, la búsqueda de fuentes de las Colecciones hasta su organización y planificación en una propuesta investigativa coherente”, señala, subrayando que se trata de una forma de aprendizaje nueva, útil y funcional para su desarrollo académico y profesional.
En esa misma dirección, Karen Ehrenhaus advierte que el proceso de investigación en Memoria Chilena exige decisiones constantes sobre los modos de construir y comunicar conocimiento histórico. A su juicio, una de las dimensiones más interesantes es la selección de fuentes, interpretarlas críticamente y situarlas en su contexto. Del mismo modo, la construcción de minisitios supone un desafío adicional: ir más allá del análisis académico tradicional para organizar la información “de manera clara, coherente y atractiva para distintos públicos”. Esa exigencia implica pensar en narrativas, jerarquización de contenidos y formas de representación del conocimiento, en un formato que combina investigación, mediación y divulgación.
Otro de los aspectos que el grupo releva es la posibilidad de comprender el patrimonio no como un conjunto abstracto de bienes culturales, sino como un campo vivo de trabajo, cuidado e interpretación. Katherine Ortega sitúa ahí uno de los núcleos más significativos de su motivación. “Personalmente me motivó el concepto de patrimonio digital de acceso libre. El conocimiento y la cultura nos pertenece a todos y por lo tanto debe democratizarse, no quedarse solo en las producciones del nicho académico”, afirma. Junto con valorar el trabajo colaborativo e interdisciplinario que sostiene el proyecto, destaca la metodología mediante la cual Memoria Chilena construye sus minisitios y el desafío permanente que supone enfrentarse a las fuentes históricas, con sus incertidumbres, dificultades y aprendizajes particulares.
Desde esa mirada, la pasantía fortalece herramientas técnicas y permite pensar críticamente el oficio historiográfico y su dimensión pública. Katherine Ortega lo expresa al señalar que esta experiencia puede ayudar a entender “cómo el conocimiento histórico debería trasladarse desde la investigación académica hacia la vida cotidiana”, por un deber ético de acceso y difusión. En su reflexión, internet aparece como una herramienta fundamental para democratizar el capital cultural, el aprendizaje y la memoria histórica, mientras que el trabajo con archivos y colecciones revela que la investigación nunca es un proceso puramente individual. “Hay muchas manos detrás de cada papel digitalizado, restaurado y archivado”, indica, resaltando el carácter colectivo de la conservación patrimonial y la necesidad de cuestionar la imagen del investigador aislado o elitista.
Ese cuestionamiento también se advierte en la forma en que las estudiantes proyectan el impacto de esta experiencia en su propia formación. Más que sumar una práctica extracurricular, la pasantía apunta a configurar un desplazamiento en la manera de comprender el rol social de la historiadora. Karen Ehrenhaus sostiene que esta instancia contribuye a “repensar el rol del historiador en la sociedad”, en la medida en que no se trata únicamente de producir conocimiento académico, sino también de participar en su circulación y apropiación social. En esa línea, considera que el trabajo de Memoria Chilena permite comprender con mayor claridad el vínculo entre investigación, memoria y divulgación, mostrando que la historia también puede operar como una herramienta para la construcción de identidades y memorias colectivas.
Pía Aguirre, por su parte, releva el valor de conocer desde dentro el funcionamiento de la Biblioteca Nacional y el trabajo investigativo de Memoria Chilena, como una base de conocimientos que podrá acompañarla en futuros espacios laborales y desafíos académicos. Junto con ello, destaca una dimensión menos técnica, pero igualmente decisiva: la posibilidad de aprender de la motivación, la dedicación y el detalle con que trabaja el equipo, entendiendo esa experiencia como una referencia concreta para su crecimiento profesional.
En el caso de Trinidad del Pino, la pasantía permite comprender el oficio más allá de la universidad y del circuito especializado de producción académica. “No es lo mismo leer sobre archivos que estar ahí, enfrentándose al documento original y aprendiendo a descifrarlo en su propio entorno”, plantea. Pero, junto con ese aprendizaje directo, destaca sobre todo la posibilidad de transformar la investigación en una herramienta de comprensión colectiva. “Para mí, la formación de un historiador no está completa si no sabe cómo sacar el conocimiento del archivo y llevarlo a la calle, o en este caso, a una plataforma que llega a todo Chile, como lo es Memoria Chilena”, afirma. Su reflexión sintetiza uno de los sentidos más profundos de esta pasantía: la convicción de que el trabajo con el pasado adquiere plena relevancia cuando se traduce en conocimiento accesible, socialmente significativo y disponible para las comunidades.
