En la inauguración del año académico 2026 de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el Decano Raúl Villarroel situó el inicio de este nuevo ciclo académico como una reafirmación del compromiso de la Universidad de Chile con el pensamiento crítico, la justicia social, la equidad y la defensa del bien común en un escenario marcado por la crisis democrática, la desinformación, los discursos autoritarios y las profundas transformaciones tecnológicas, económicas y políticas del presente. “Cada vez que abrimos nuestras aulas, reafirmamos nuestro compromiso ineludible con el país, con el pensamiento crítico y con la vocación irrenunciable de pensar a Chile y su futuro. En el momento histórico que atraviesa nuestra nación, la función pública de la Universidad de Chile cobra una urgencia renovada que no admite distracciones”.
Durante sus palabras de apertura, subrayó que inaugurar un año académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile significa la renovación de “una promesa cívica”, y enfatizó la responsabilidad indelegable de las humanidades frente a un tiempo de incertidumbres y amenazas para la democracia. En ese marco, sostuvo que “la universidad pública no puede ser un espacio de contemplación aislada ni un simple reproductor de las lógicas de mercado. Debe ser el faro cívico donde se resguarde el pluralismo, la deliberación democrática y el bien común. Nuestra tarea es ser el espacio donde el país se piensa a sí mismo con rigor analítico y crítico”.
En la ocasión, la Premio Nacional de Periodismo 2009 y reciente condecorada con el mérito Amanda Labarca 2025, María Olivia Mönckeberg, ofreció una conferencia en la que abordó la defensa de la universidad pública, la instalación del mercado de la educación y la persistencia de los legados del modelo instalado en la dictadura en Chile. Autora de obras fundamentales como El saqueo de los grupos económicos al Estado chileno y El negocio de las universidades en Chile, fue presentada por el decano Raúl Villarroel, quien destacó su rigurosa trayectoria investigativa.

Al presentar a María Olivia Monckeberg, el decano destacó su trayectoria como investigadora y periodista, y la definió como una “verdadera arqueóloga del poder en Chile”, relevando una obra que ha contribuido a desentrañar las estructuras de poder y exclusión que han marcado la historia reciente del país. Junto con valorar su papel como formadora de generaciones de periodistas y su defensa del derecho a la información como pilar de toda sociedad democrática, la situó como una voz indispensable para comprender el Chile contemporáneo y los desafíos que enfrenta hoy la universidad pública.
Una arqueología del poder y del mercado de la educación
En la conferencia central de la jornada, Mönckeberg desarrolló una reflexión histórica y política sobre la educación superior chilena, situando la defensa de la universidad pública como una tarea central en el presente. Su intervención reconstruyó, a partir de nombres, decisiones, actas, decretos y procesos, la instalación del modelo educacional impuesto durante la dictadura civil-militar, mostrando cómo la transformación de la educación en un mercado respondió a una racionalidad política e ideológica de largo alcance.
La profesora recordó la historia de la Universidad de Chile, el despojo del Instituto Pedagógico, la separación de las sedes regionales y el asedio sufrido por las universidades estatales durante la dictadura, subrayando que estos procesos no fueron episodios aislados, sino parte de un proyecto orientado a debilitar su papel público, fragmentar su capacidad institucional y disciplinar a sus comunidades. En ese recorrido, reivindicó a figuras como Lucía Invernizzi y Amanda Labarca, vinculando la defensa de la universidad con la historia de la educación pública, los derechos de las mujeres y la construcción de espacios pioneros como el primer magíster en Estudios de Género de la Universidad de Chile.

La periodista se detuvo especialmente su análisis en la reunión del 28 de enero de 1980 -cuya fuente son las actas secretas de la Junta de Gobierno desclasificadas y digitalizadas por la Biblioteca del Congreso Nacional- en la que se abordó el proyecto de financiamiento de la educación superior. Allí se defendió el cobro de aranceles en la educación pública y la implementación del crédito fiscal universitario, argumentando no sólo en términos económicos, sino también políticos. De acuerdo con la transcripción citada en la conferencia, el interés era establecer un mecanismo que, desde su raíz, limitara el activismo universitario y evitara recurrir a formas más directas de control. Así, el crédito universitario fue leído por Monckeberg no solo como instrumento de financiamiento, sino como dispositivo de disciplinamiento político de las comunidades estudiantiles.
Dictadura, lucro y mercado de la educación
En su intervención, Monckeberg vinculó ese momento con la arquitectura normativa que se consolidó a inicios de la década del 80: la denominada Ley General de Universidades, los decretos que permitieron la creación de universidades privadas, la apertura de institutos profesionales y centros de formación técnica, y la progresiva instalación del lucro en la educación superior. A su juicio, este proceso transformó profundamente el sentido de la educación universitaria en Chile, desplazándola desde su carácter de bien público hacia una lógica de mercado, competencia y negocio educacional.
En ese contexto, la académica describió el papel de los Chicago Boys y, posteriormente, de los llamados “tucanes”, como parte de una continuidad política e ideológica orientada a cerrar el círculo de la transformación universitaria iniciada en dictadura. Según planteó, ese asedio incluyó no solo recortes y reformas, sino también intentos por desarticular institucionalmente a las universidades estatales, reducir su influencia y debilitar su carácter nacional y público.
La conferencia abordó asimismo el episodio del nombramiento de José Luis Federici como rector delegado de la Universidad de Chile, el 24 de agosto de 1987, y la fuerte movilización que generó su designación. Mönckeberg recordó que ese mismo día apareció en El Mercurio una columna de opinión del ex ministro de la dictadura, Sergio Melnick, en la que se sostenía que “el Estado no debía necesariamente tener grandes universidades estatales y que, si el sistema funcionaba sin ellas, sería incluso mejor”. Para la expositora, estas formulaciones expresan con nitidez una crítica estructural a la universidad pública cuyos ecos, advirtió, siguen presentes hasta hoy.

Los legados que permanecen
Hacia el cierre de su intervención, María Olivia Mönckeberg sostuvo que varios de los legados del modelo impuesto en dictadura permanecen activos en el presente, tanto en las formas de financiamiento como en ciertas miradas críticas hacia las universidades públicas. En ese marco, advirtió sobre la necesidad de comprender históricamente estos procesos para enfrentar de mejor manera los desafíos actuales y futuros de la educación superior, en un escenario de crisis internacional, desigualdad, cambio climático, transformaciones tecnológicas y disputas en torno al sentido de lo público.
“Cuidar esta universidad se torna un tema central”, fue una de las ideas que condensó el sentido de su exposición, al plantear que resguardar la Universidad de Chile implica defender la capacidad de crear, investigar, pensar críticamente y sostener una vida universitaria plural frente a nuevas restricciones o amenazas. En esa misma dirección, cerró con un llamado a fortalecer la conversación, el intercambio y la deliberación dentro de la comunidad universitaria, subrayando la necesidad de “volver a conversar” en tiempos donde el debate público suele quedar reducido a la inmediatez de las redes y a la fragmentación del diálogo.

La inauguración del año académico 2026 dejó así planteada una reflexión de fondo sobre el papel de las humanidades, la universidad pública y la educación en Chile. Desde las palabras iniciales del decano Raúl Villarroel hasta la conferencia magistral de María Olivia Mönckeberg, la jornada reafirmó la necesidad de defender el pensamiento crítico, la memoria histórica y el carácter público de la Universidad de Chile como parte de una tarea mayor: resguardar la democracia y proyectar un futuro basado en la conversación, la reflexión y el bien común.
