La jornada se abrió con la intervención de Begoña Pessis, quien subrayó el carácter estructural del planteamiento del libro, más allá de las respuestas habituales frente a la crisis ecológica. “Este desafío no se enfrenta reclamando únicamente por un cambio en las instituciones, sino que exige un descenso a un plano más estructural y fundante que es el de nuestros hábitos mentales”, afirmó, destacando la propuesta de una ética de la sobrevivencia en un contexto de crisis ambiental global.
Pessis relevó además el concepto de “compasión extensiva” como eje de la obra, entendida como una forma de conciencia lúcida que permite ampliar la esfera moral hacia otros seres vivos.
Por su parte, el filósofo Sergio Rojas situó el libro en una discusión sobre la modernidad y sus categorías fundamentales. “¿Cómo es que el ser humano no alcanza a comprender la posibilidad inminente de su propia destrucción?”, planteó, subrayando la paradoja de una crisis ecológica cuya magnitud, lejos de movilizar, tiende a invisibilizarse.
Rojas enfatizó que uno de los aportes centrales del texto radica en cuestionar la matriz sujeto-objeto que ha estructurado la relación con la naturaleza. “La solución de la actual crisis ecológica no puede lograrse sin el tratamiento de los mismos hábitos mentales que la generan”, sostuvo, advirtiendo además sobre los límites de concebir la técnica como un mero instrumento neutral.

Desde una perspectiva vinculada a la filosofía de la religión y la ética, Jéssica Sepúlveda destacó la radicalidad del enfoque de Sandra Baquedano, particularmente en su abordaje del problema del mal. “La autora introduce la existencia del mal como realidad originaria y no como una mera privación del bien”, señaló, indicando que esta perspectiva permite dimensionar la profundidad de la crisis ecológica y sus implicancias morales.
Sepúlveda valoró también la incorporación de enfoques ecofeministas y de saberes indígenas, así como la invitación a una reflexión filosófica de largo aliento que articula distintas tradiciones en torno a los llamados “hábitos ecocidas”.
Oscar Horta, especialista en ética animal, destacó el carácter pionero del trabajo de la autora en el ámbito hispanohablante. “No estaríamos donde estamos sin la contribución de personas pioneras entre las cuales claramente tenemos a Sandra”, afirmó, relevando su influencia en el desarrollo de estos campos de estudio.
Horta profundizó en conceptos como el especismo y el antropocentrismo, así como en la revalorización del pesimismo como postura ética. En esa línea, subrayó la centralidad de evitar el sufrimiento como prioridad moral: “Evitar que haya cosas negativas tiene mucha más importancia”, sostuvo, enfatizando una ética orientada a la contención del daño.

El encuentro concluyó con las palabras de la autora, Sandra Baquedano, quien situó su trabajo en el contexto de las crisis contemporáneas. “Los problemas verdaderamente filosóficos nacen de la vida misma y del mundo, y este mundo que estamos viviendo hoy atraviesa por crisis que son muy grandes en distintos planos. En el plano ambiental tenemos problemas muy serios de sobrecalentamiento global antropogénico, especismo masificado y guerras por los así llamados recursos naturales. Todo eso no es independiente de la forma en que hemos concebido la naturaleza. La interpretación que hemos hecho de ella está sustancialmente vinculada con la degradación de los ecosistemas”.
Baquedano enfatizó que la degradación ambiental no puede comprenderse sin atender a las formas en que históricamente se ha concebido la naturaleza. “Los hábitos mentales a los que me refiero tienen que ver con una manera de percibir y asimilar el entorno que se ha ido adquiriendo por repetición y que termina determinando nuestro actuar. Ninguno de nosotros está libre de estos hábitos, y por eso cuestionarlos puede generar resistencia. Pero si nos volvemos más conscientes de ellos, podemos tomar distancia y abrir la posibilidad de una transformación. La idea es avanzar hacia una vida ética que contribuya a la progresiva liberación de estos hábitos, mediante una extensión de la esfera moral hacia el resto de los seres vivos”.
La presentación permitió abrir un espacio de diálogo interdisciplinario en torno a los fundamentos filosóficos de la crisis ecológica, posicionando La naturaleza encasillada como una obra que invita a revisar críticamente las bases mismas desde las cuales se piensa y se habita el mundo.
