Proyecto EDUDER culmina tres años de trabajo en la Universidad de Chile con aprendizajes para fortalecer la inclusión en la educación superior

Proyecto EDUDER culmina tres años de trabajo en la Universidad de Chile
Proyecto EDUDER culmina tres años de trabajo en la Universidad de Chile con aprendizajes para fortalecer la inclusión en la educación superior

Tras tres años de implementación, el proyecto Derecho a la Igualdad de Estudios Universitarios por los Grupos más Vulnerables -EDUDER- culmina su desarrollo en la Universidad de Chile con un balance que permite relevar avances, aprendizajes y desafíos en torno a la inclusión en la educación superior. La iniciativa, que se adjudicó un proyecto ERASMUS+, financiada por la comunidad europea, se propuso contribuir al fortalecimiento de condiciones institucionales que favorezcan el acceso, la permanencia, el egreso y la inserción laboral de estudiantes pertenecientes a grupos prioritarios.

En la Universidad de Chile, EDUDER tuvo como uno de sus principales ejes el Plan Piloto de Mentoría para el Acompañamiento al Egreso, coordinado por Marcela Gaete Vergara y Bernardo González Mella, junto a un equipo integrado por Maribel Mora, María Zambrano, Raquel Calvarro, Matías Lazcano, Margarita Bustos, María José Sánchez y Andrés Tobar. La experiencia se desarrolló en articulación con unidades académicas, equipos profesionales del nivel central y de facultades, mentores/as egresados/as y estudiantes en etapa final de sus trayectorias universitarias.

El proyecto se inscribe en una trayectoria institucional más amplia. Durante los últimos quince años, la Universidad de Chile ha consolidado políticas, programas y modelos orientados a la equidad y la inclusión, entre ellos el Sistema de Ingreso Prioritario de Equidad Educativa, la Política de Equidad e Inclusión Estudiantil, las políticas de inclusión en la diversidad y el Modelo de Inclusión en Educación Superior, MIES. Este último propone pasar de una mirada centrada en las “carencias” individuales a una perspectiva transformadora, orientada a identificar y remover barreras institucionales, culturales y actitudinales que afectan la participación plena del estudiantado.

Desde ese marco, EDUDER permitió focalizar una etapa especialmente sensible de la trayectoria universitaria: el egreso, la titulación, las prácticas profesionales y la transición hacia el mundo laboral. El informe final del proyecto subraya que este tránsito no siempre es lineal ni progresivo, y que puede estar atravesado por barreras económicas, sociales, emocionales, institucionales y de discriminación que afectan con mayor intensidad a estudiantes de grupos prioritarios.

Una mentoría para acompañar el egreso y la inserción laboral

El Plan Piloto de Mentoría adoptó un modelo mixto, combinando instancias grupales e individuales. El componente grupal permitió abordar contenidos transversales de manera colectiva, mientras que el acompañamiento individual favoreció una atención personalizada a las necesidades de cada estudiante. Según los antecedentes del proyecto, esta decisión respondió a la necesidad de conjugar escalabilidad, eficiencia, pertinencia y retención, especialmente en contextos donde las trayectorias estudiantiles se ven atravesadas por barreras estructurales.

El objetivo general fue acompañar a estudiantes de grupos prioritarios de la Universidad de Chile durante su etapa final de estudios hacia la vida profesional, promoviendo su integración laboral y consolidando su progreso académico. Entre sus objetivos específicos se consideró entregar orientación académica, socioemocional y administrativa; apoyar el desarrollo de habilidades de empleabilidad; mediar ante posibles conflictos en centros de práctica; y realizar seguimiento del proceso de inclusión laboral.

El plan trabajó con estudiantes de las Facultades de Ciencias, Filosofía y Humanidades y Derecho, priorizando una mirada interseccional sobre discapacidad y neurodivergencias, vulnerabilidad socioeconómica, pertenencias culturales y lingüísticas no dominantes, y situaciones vinculadas a igualdad de género, diversidades y disidencias sexuales. En total participaron doce estudiantes, acompañados por seis mentores/as egresados/as de la Universidad de Chile, además de profesionales de facultades, equipos del nivel central y académicos/as vinculados al diseño, seguimiento y evaluación del proceso.

La inclusión no termina con el acceso: aprendizajes de EDUDER para una universidad pública

Para Marcela Gaete Vergara, académica del Departamento de Estudios Pedagógicos y coordinadora del proyecto EDUDER en la Universidad de Chile, uno de los aprendizajes centrales de esta experiencia es que la inclusión universitaria debe comprenderse como un proceso integral, situado y sostenido durante toda la trayectoria formativa. “La inclusión no termina en el ingreso”, plantea la académica, al subrayar que el egreso, la titulación y la inserción laboral siguen siendo etapas con importantes barreras para estudiantes de grupos prioritarios.

En ese sentido, Gaete advierte que “las condiciones de vulnerabilidad no desaparecen por avanzar en la carrera y llegar al último año”, especialmente en una sociedad marcada por desigualdades estructurales. Desde esa perspectiva, EDUDER permitió visibilizar que el acompañamiento no puede limitarse al apoyo académico o técnico-curricular, sino que debe incorporar dimensiones socioemocionales, culturales, económicas y profesionales. “El acompañamiento debe realizarse durante todo el proceso”, sostiene, porque las dificultades que enfrentan estudiantes con discapacidad, pertenecientes a pueblos indígenas, migrantes o en situación de vulnerabilidad socioeconómica no son fallas individuales, sino expresión de barreras institucionales y sociales.

La coordinadora del proyecto enfatiza que el egreso y la inserción laboral constituyen una etapa crítica, pues el paso desde la universidad hacia el mundo del trabajo suele intensificar desigualdades previas. “La universidad, pese a sus imperfecciones, es un espacio relativamente estructurado y con redes de apoyo. Al egresar, esas redes desaparecen justo cuando los estudiantes de grupos prioritarios las necesitan más”, explica. A ello se suma que el mercado laboral profesional opera muchas veces mediante redes informales, contactos familiares, recomendaciones o afinidades culturales que no están igualmente disponibles para todas las trayectorias.

Por esta razón, EDUDER puso especial atención en la mentoría entre pares, incorporando a egresados y egresadas de grupos prioritarios como acompañantes de estudiantes en etapa de egreso. Según Gaete, “el capital experiencial de los propios egresados de grupos prioritarios constituye un recurso institucional valioso e infrautilizado”. En el proyecto, ese saber fue convertido en un dispositivo formal de acompañamiento, orientado a fortalecer redes, disminuir la soledad, enfrentar la ansiedad anticipatoria y promover decisiones informadas en el tránsito hacia la titulación y el mundo laboral.

Desde esta mirada, Marcela Gaete vincula EDUDER directamente con el sello público de la Universidad de Chile. “Si la misión es formar integralmente y contribuir a la justicia social, entonces acompañar a los estudiantes de grupos prioritarios hasta su inserción laboral efectiva no es un complemento, sino una obligación misional”, afirma. Para la académica, el desafío de las universidades públicas es superar una comprensión restringida de la equidad, centrada solo en el acceso, y asumir transformaciones institucionales más profundas. “El desafío más profundo es preguntarse qué debe cambiar en la universidad para que sea habitable por todos y todas”, señala.

En esa línea, EDUDER deja como horizonte una concepción de la inclusión basada en la co-construcción, la participación efectiva y el reconocimiento de los saberes situados del estudiantado. Para Gaete, la equidad no puede diseñarse “sobre los estudiantes”, sino “con ellos”, mediante comunidades universitarias capaces de articular acompañamiento, participación, redes de egresados, transformación curricular y diversidad como valor institucional. Así, el egreso deja de ser entendido únicamente como logro individual y aparece como un momento de incidencia pública: cuando estudiantes de grupos prioritarios se insertan en campos como la salud, el derecho, la academia o el Estado, “eso transforma el campo profesional y produce representatividad donde antes no la había”.

Voces y experiencias: el valor del acompañamiento entre pares

Uno de los principales aprendizajes del proyecto fue la relevancia del vínculo horizontal entre mentor/a y estudiante. A diferencia de una tutoría centrada exclusivamente en el rendimiento académico, la mentoría impulsada por EDUDER buscó construir un espacio de confianza, orientación y escucha, donde las y los estudiantes pudieran abordar dificultades vinculadas al término de sus estudios, la organización del tiempo, la preparación de exámenes, la elaboración de tesis, las prácticas profesionales, la búsqueda de empleo y la autopercepción de sus propias capacidades.

Uno de los aspectos fundamentales fue la articulación interfacultades y el trabajo con equipos profesionales para adaptar el acompañamiento a las realidades de cada unidad académica. María Victoria Zambrano, coordinadora del Centro de Recursos para la Enseñanza y el Aprendizaje Universitario (CREAU) y del Plan de Mentorías de la Facultad de Filosofía y Humanidades, explica que el trabajo se realizó en red desde el inicio, compartiendo responsabilidades entre las Facultades y Servicios Centrales, lo que permitió una coordinación concreta, con roles claros y decisiones tomadas en conjunto. “En lo operativo, el valor estuvo en integrar a equipos profesionales y académicos, y sumar a egresadas y egresados como mentores. Esa combinación evitó que el acompañamiento quedara fragmentado y permitió responder de manera más completa, porque cada actor aportó desde su experiencia y su lugar en la institución”.

A ello agrega que fue clave entender que no todas las realidades son iguales. “Por eso el modelo combina instancias grupales que ordenan contenidos comunes, con espacios individuales que permiten ajustar el acompañamiento a necesidades reales. Ese equilibrio, sumado a un seguimiento coordinado, fue lo que hizo que el trabajo funcionara con pertinencia y continuidad”. 

En este marco, Samira Paz Sánchez, mentora de Pedagogía de Educación Media en Asignaturas Científico-Humanistas con mención (PEMACH), cuenta que “haber sido mentora desde el rol de par ha significado acompañar desde un lugar muy humano y cercano. Muchas veces, quienes estamos terminando la carrera enfrentamos inseguridades, miedos y dudas sobre el futuro profesional, y creo que el hecho de haber transitado experiencias similares permite generar una conexión distinta, más honesta y empática”.

“En mi caso, intenté acompañar tanto desde la orientación práctica, como desde la escucha, la contención y la confianza. A veces, algo tan simple como compartir experiencias reales, errores, aprendizajes o estrategias concretas puede ayudar mucho a que otra persona se sienta menos sola en este proceso. También pienso que la mentoría tiene un valor muy importante porque acerca la universidad a experiencias más humanas. Permite construir redes, reconocerse en otros y comprender que el crecimiento profesional no ocurre únicamente desde lo académico, lo hace también desde los vínculos y el acompañamiento mutuo.

Francisco Santander, titulado de PEMACH, relata que el mayor impacto de la mentoría fue contar con acompañamiento en una etapa compleja. “La mentoría fortaleció mi autoconfianza y me ayudó a estructurar los próximos pasos para la práctica, la inserción laboral y mi proyección profesional, identificando un espacio pedagógico donde podía desarrollarme con mayor confianza. Hoy trabajo en una institución hospitalaria acompañando a pacientes internados”. Asimismo, un estudiante de quinto año de Estudios Internacionales agrega que “la mentoría me ayudó a bajar la ansiedad y ordenar el cierre del proceso. Me entregó claridad para tomar decisiones y avanzar con pasos concretos, especialmente en proyección profesional”.

El informe final identifica como una fortaleza central la capacidad de las mentorías para construir un vínculo flexible y de confianza, evaluado positivamente por las y los participantes. Asimismo, señala que la mentoría permitió abordar dimensiones que muchas veces quedan fuera de los apoyos tradicionales: ansiedad ante el egreso, autoconfianza, toma de decisiones, redes profesionales, estrategias de búsqueda laboral y navegación institucional.

Resultados: aprendizajes para una inclusión más integral

Entre los resultados alcanzados, el proyecto destaca avances concretos en la preparación del examen de grado, la finalización de licenciatura, la inserción laboral, la mejora de habilidades blandas, la disminución de la ansiedad anticipatoria, el incremento de la autoconfianza y una mayor claridad respecto de objetivos profesionales futuros. También permitió identificar necesidades pendientes, como profundizar el trabajo en entrevistas laborales, uso de portales de postulación, habilidades sociales, gestión emocional, finanzas personales y fortalecimiento de redes entre pares.

Uno de los hallazgos más significativos fue la identificación del aislamiento como una barrera persistente. Según la evaluación del proyecto, muchas trayectorias universitarias de estudiantes de grupos prioritarios se desarrollan con escasas redes profesionales y vínculos limitados entre pares, lo que puede intensificar la incertidumbre durante el egreso y la entrada al mundo laboral. En ese sentido, EDUDER no solo aportó un dispositivo de acompañamiento individual, sino también una lectura institucional sobre la necesidad de fortalecer redes de apoyo, pertenencia y colaboración.

El proyecto también permitió relevar la importancia de la coordinación interfacultades y del trabajo articulado entre la subdirección de Equidad e Inclusión del nivel central y las unidades académicas. Esta articulación fue considerada una condición clave para diseñar respuestas pertinentes, respetuosas de las particularidades de cada facultad, pero alineadas con principios institucionales comunes: equidad, inclusión, derechos humanos, accesibilidad, participación e incidencia.

Proyección: del piloto a una política institucional sostenible

El cierre de EDUDER no supone el término de sus aprendizajes. Por el contrario, el informe final propone proyectar la experiencia hacia una posible institucionalización del acompañamiento al egreso, considerando recursos permanentes, escalamiento gradual, coordinación interfacultades y formalización de estándares mínimos para la implementación del modelo.

Entre las propuestas de mejora se plantea avanzar hacia una instalación progresiva en las facultades que participaron del piloto -Derecho, Filosofía y Humanidades y Ciencias-, utilizando su experiencia como base para futuras etapas. Asimismo, se recomienda mantener una coordinación técnica interfacultades, definir perfiles de mentores/as, fortalecer la capacitación, ampliar la duración de las mentorías, reforzar la dimensión grupal y consolidar protocolos de derivación y gestión de crisis.

El proyecto también propone implementar registros digitales de acompañamiento que permitan sistematizar información, monitorear trayectorias y resguardar adecuadamente la confidencialidad de los datos de las y los estudiantes. Esta dimensión resulta especialmente relevante para diseñar políticas basadas en evidencia, con sensibilidad ética y enfoque de derechos.

En este sentido, EDUDER deja un legado institucional relevante: comprender que la inclusión universitaria no se agota en abrir vías de acceso, sino que exige acompañar trayectorias completas, reconocer barreras persistentes, fortalecer redes y transformar las condiciones que permiten a cada estudiante participar, egresar e incidir plenamente en la vida académica y profesional.

Como proyección de este trabajo, se presentó al Decanato de la Facultad de Filosofía y Humanidades un proyecto de escalamiento orientado a dar continuidad institucional a los aprendizajes desarrollados por EDUDER, propuesta que tuvo una positiva recepción. En esa línea, el segundo pilotaje, construido a partir de la experiencia previa, comenzó en abril de 2026 en la carrera de Pedagogía en Educación Media con mención en Asignaturas Científico-Humanistas (PEMACH) y se ampliará durante el segundo semestre a Pedagogía en Educación Básica. La proyección es avanzar progresivamente durante 2027 y 2028 hacia la incorporación de todas las carreras de la Facultad, consolidando un modelo de acompañamiento que permita fortalecer las trayectorias formativas, la titulación oportuna y la inserción laboral de estudiantes de grupos prioritarios.

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