El complejo universitario Vicuña Mackenna 20 de la Universidad de Chile fue sede de la I Jornada Nacional de Docentes STEM, encuentro organizado por el Programa Ciencia sin Límites del Ministerio de Educación, en conjunto con la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, y con la colaboración de la Universidad de Tarapacá, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso y la Universidad Católica del Maule.
La actividad reunió a más de 100 docentes del sistema escolar provenientes de las regiones de Arica y Parinacota, Valparaíso, Metropolitana y del Maule, junto a autoridades universitarias, representantes del Estado, organismos internacionales, académicas, investigadoras e instituciones de la sociedad civil comprometidas con el fortalecimiento de trayectorias educativas más equitativas en las áreas STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

La jornada fue inaugurada con palabras de Ulises Cárcamo, vicedecano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile; Claudio Olea, director de Desarrollo Académico de la Universidad de Chile; Magdalena Guerrero, representante del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo; Stefanie Wenderoth Saavedra, seremi de Educación de la Región Metropolitana; e Ignacio Hernández Lémann, coordinador nacional del Programa Ciencia sin Límites del Ministerio de Educación.
En la apertura, Ulises Cárcamo destacó el sentido público, pedagógico y humanista de la jornada, subrayando que la enseñanza de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas no puede comprenderse al margen de los valores democráticos que orientan la educación pública. Desde la Facultad de Filosofía y Humanidades, sostuvo, “la formación de profesoras y profesores implica pensar la educación no solo como transmisión de saberes, sino como una práctica social capaz de ampliar horizontes de justicia, pensamiento crítico y emancipación intelectual”.

En esa línea, el vicedecano planteó que la brecha de género en STEM debe ser entendida como un desafío de país. “Cuando el sistema educativo y científico excluye o desalienta a niñas y jóvenes por efecto de sesgos, estereotipos o expectativas diferenciadas, no solo se limitan trayectorias individuales, también se empobrece el desarrollo científico, tecnológico, cultural y democrático de la sociedad”.
Claudio Olea, en representación de la Rectoría de la Universidad de Chile, remarcó que el trabajo por la equidad de género en los campos científico-tecnológicos exige pasar del diagnóstico a la acción. En su intervención, sostuvo que la educación cumple un papel fundamental para visibilizar brechas y para construir una cultura científica capaz de inspirar a niñas y jóvenes desde la infancia, promoviendo el razonamiento basado en evidencia, la confianza en las propias capacidades y la posibilidad de imaginar futuros profesionales no condicionados por prejuicios de género. “Inspirar a las niñas, estudiantes de todas las edades y talentos para aspirar a carreras de ciencia y otras ocupaciones y profesiones que sustentan nuestra sociedad. Desde nuestra universidad, la Universidad de Chile, reafirmamos nuestro compromiso firme con la lucha contra las desigualdades entre hombres y mujeres en los ámbitos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, impulsando prácticas que contribuyen a erradicar dichas desigualdades y avanzar hacia la igualdad de género efectiva en el ámbito docente y científico”.

Desde el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, Magdalena Guerrero situó la jornada en una perspectiva de desarrollo humano y enfoque de derechos. En su intervención, valoró que Ciencia sin Límites combina trabajo pedagógico, fortalecimiento docente, empoderamiento de estudiantes y evaluación de impacto, elementos fundamentales para generar evidencia que contribuya a la toma de decisiones públicas. La participación de más mujeres en STEM, señaló, “no solo amplía oportunidades individuales, sino que también fortalece la innovación, el crecimiento económico y la construcción de sociedades más justas y sostenibles”.
La seremi de Educación de la Región Metropolitana, Stefanie Wenderoth Saavedra, enfatizó que ninguna política pública tiene sentido si no logra llegar a la sala de clases. Desde esa perspectiva, relevó el papel insustituible de profesoras y profesores en la construcción de expectativas, vocaciones y trayectorias educativas. Muchas veces, sostuvo, una pregunta, una palabra de confianza o una práctica pedagógica desafiante puede incidir profundamente en la manera en que una estudiante reconoce sus capacidades y proyecta su futuro. “Las expectativas que construimos como adultos importan y pueden marcar profundamente las herencias educativas de nuestros alumnos. Por eso, esta jornada también es un reconocimiento al trabajo que los profesores realizan día a día”. Como profesora de ciencias, enfatizó, “conozco de primera fuente el enorme poder que tiene la experiencia del aprendizaje. Conozco desde la sala de clases cómo un docente puede impactar la trayectoria de un estudiante”.

Por su parte, Ignacio Hernández Lémann presentó los principales alcances del Programa Ciencia sin Límites, iniciativa que busca enfrentar las brechas de género en los aprendizajes STEM mediante dos líneas de trabajo: una orientada directamente a estudiantes mujeres de educación media, a través de clubes STEM y proyectos socio-científicos situados; y otra dirigida al desarrollo profesional docente. El coordinador nacional destacó que el programa trabaja actualmente con más de mil estudiantes mujeres de 15 años en cuatro regiones del país, articulando además el vínculo con científicas de universidades para fortalecer modelos de rol y referentes cercanos.
“Hemos movilizado a las fechas más de 40 científicas a nivel nacional que han visitado a las más de 1000 estudiantes con quienes estamos trabajando para este vínculo directo de ver en otra que es posible y con los profesores en líneas de desarrollo profesional docente. Trabajamos en conjunto con las universidades para también pensar en conjunto cómo resolver el desafío que tenemos y aportar desde cada liceo en particular una propuesta que tiene sentido, que surge del territorio, que hace sentido para los colegas. Trabajamos juntos para eso”.

Alejandra Mizala: estereotipos, expectativas y trayectorias educativas
Uno de los momentos centrales de la jornada fue la conferencia de la rectora electa de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, titulada “Participación femenina en los campos STEM: importancia, alcances y desafíos”. En su intervención, la destacada economista y académica presentó evidencia nacional e internacional sobre las múltiples dimensiones que explican la persistencia de brechas de género en matemáticas, ciencias y trayectorias científico-tecnológicas.
La profesora Mizala sostuvo que estas brechas no pueden explicarse por diferencias naturales de capacidad entre hombres y mujeres, sino por procesos sociales, culturales e institucionales que operan desde edades tempranas. Entre ellos, destacó los estereotipos de género, las expectativas de docentes y familias, las formas de interacción en la sala de clases, la ausencia de referentes femeninos, la ansiedad matemática y los efectos diferenciados que tienen las evaluaciones competitivas de alto impacto.

A partir de resultados de pruebas internacionales como PISA, mostró que Chile presenta diferencias relevantes en los desempeños de niñas y niños en matemáticas. Sin embargo, advirtió que la comparación internacional permite extraer una conclusión decisiva: las brechas no son inevitables. Existen países donde no se observan diferencias significativas y otros donde las mujeres obtienen mejores resultados, lo que demuestra que estas desigualdades responden a la organización social, a las culturas educativas y a las oportunidades efectivas que cada sociedad ofrece a sus estudiantes.
La rectora electa también abordó el impacto de la pandemia en la reapertura de brechas que Chile venía reduciendo. En su análisis, la escuela puede actuar como un factor protector frente a desigualdades de género que se reproducen en otros espacios de socialización. El cierre de establecimientos educacionales durante la crisis sanitaria habría debilitado ese efecto protector, devolviendo con mayor fuerza a niñas y jóvenes a contextos donde los estereotipos familiares y culturales inciden en el tiempo de estudio, la confianza y las expectativas de desempeño.

Otro eje relevante de su presentación fue el papel de las expectativas docentes. Alejandra Mizala expuso estudios que muestran cómo, incluso frente a casos equivalentes, futuros profesores y profesoras pueden proyectar menores expectativas de rendimiento matemático para niñas que para niños. También se refirió a investigaciones en aulas de matemáticas que evidencian una menor frecuencia de interacción entre docentes y estudiantes mujeres, independientemente del rendimiento académico previo de las niñas o de su ubicación en la sala.
Estos datos, sostuvo, deben interpelar al conjunto del sistema educativo. No se trata de culpabilizar individualmente a docentes, familias o instituciones, sino de reconocer que los sesgos son estructurales y atraviesan prácticas cotidianas muchas veces naturalizadas. Precisamente por ello, la formación inicial y continua del profesorado, la reflexión pedagógica y el diseño de ambientes de aprendizaje inclusivos son dimensiones centrales para avanzar hacia una educación STEM más equitativa.

Mizala también analizó la llamada “amenaza de estereotipo”, fenómeno mediante el cual integrantes de grupos históricamente discriminados pueden ver afectado su desempeño cuando enfrentan situaciones evaluativas que activan prejuicios sobre sus capacidades. En el caso de las matemáticas, la idea culturalmente extendida de que las mujeres serían menos competentes en esta área puede incidir en la ansiedad, la autoconfianza y el rendimiento en pruebas de alta exigencia.
La académica conectó estos procesos con decisiones educativas posteriores, como la elección de cursos electivos en enseñanza media, la postulación a carreras universitarias y la inserción laboral. Las trayectorias STEM, explicó, suelen estar asociadas a mejores niveles de empleabilidad e ingresos, por lo que la subrepresentación de mujeres en estas áreas tiene consecuencias no solo educativas, sino también económicas y sociales. Reducir las brechas en STEM, en este sentido, forma parte de una agenda más amplia de igualdad, desarrollo inclusivo y justicia social.
Hacia el cierre de su exposición, planteó la necesidad de actuar tempranamente, visibilizar referentes femeninos, promover clubes y experiencias extracurriculares, revisar prácticas pedagógicas, incorporar la perspectiva de género en la formación docente, fortalecer la presencia de profesoras en áreas masculinizadas y construir culturas escolares capaces de ampliar las posibilidades de niñas y jóvenes. La pregunta de fondo, sugirió, no es solo cómo aumentar la presencia de mujeres en STEM, sino cómo transformar las condiciones que llevan a muchas niñas a descartar esos caminos antes siquiera de haberlos explorado.
Experiencias, políticas y modelos de rol para una educación STEM sin sesgos
Tras la conferencia inaugural se desarrolló un conversatorio moderado por la académica Johanna Camacho, coordinadora del Programa Ciencia sin Límites en la Región Metropolitana y académica del Departamento de Estudios Pedagógicos de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. La instancia reunió a Lorena Ortega, del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile; María Elena Lienqueo, de la Dirección de Diversidad y Género de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile; Valeria Farías, directora de Fundación Mujeres Bacanas; y Marcela Gutiérrez, de la División de Políticas de Igualdad del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género.

La profesora Camacho abrió el diálogo invitando a las panelistas a compartir experiencias institucionales, alcances del problema y proyecciones para el trabajo con docentes de ciencias, matemáticas y tecnología del sistema escolar público. El conversatorio permitió ampliar la discusión desde la evidencia hacia las prácticas concretas, mostrando que la reducción de brechas requiere intervenciones articuladas en distintos niveles: aula, escuela, universidad, sociedad civil y política pública.
Lorena Ortega subrayó el papel fundamental de profesoras y profesores en las trayectorias educativas de niñas y jóvenes. Desde la investigación educativa, señaló que el rendimiento, la autoconfianza, las creencias sobre las propias capacidades y las decisiones vocacionales están profundamente vinculadas con las experiencias escolares. Por ello, planteó que la escuela y sus docentes pueden operar como factores protectores, capaces de contrarrestar estereotipos y abrir posibilidades de futuro.

Ortega destacó además la importancia de contar con profesoras mujeres en áreas como matemáticas, no solo como agentes pedagógicos, sino también como modelos de rol. La presencia de mujeres enseñando disciplinas STEM tiene un impacto simbólico y formativo: permite que las estudiantes vean posibilidades concretas de identificación, pertenencia y proyección. En ese sentido, valoró el trabajo del Programa Ciencia sin Límites y la posibilidad de evaluar sus efectos para comprender qué estrategias funcionan y cómo pueden ser ampliadas.
Desde la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, María Elena Lienqueo compartió la experiencia institucional de la Universidad de Chile en materia de equidad de género en ingeniería y ciencias. Recordó que, hace más de una década, la presencia de mujeres en la Facultad era cercana al 20%, situación que motivó a académicas a impulsar estudios, diagnósticos y medidas concretas, entre ellas el Programa de Equidad de Género, orientado a abrir cupos adicionales para mujeres.

Lienqueo señaló que estas políticas permitieron aumentar la participación femenina en la Facultad hasta niveles cercanos al 34%, mostrando que las acciones afirmativas pueden modificar realidades históricamente naturalizadas. Sin embargo, advirtió que el acceso es solo una parte del desafío: tan importante como ingresar es permanecer, desarrollarse y habitar espacios universitarios libres de discriminación. Por ello, destacó el trabajo de la Dirección de Diversidad y Género en la construcción de ambientes de convivencia, inclusión y corresponsabilidad.
Valeria Farías, desde Fundación Mujeres Bacanas, enfatizó que la pregunta central no debería ser únicamente cómo lograr que más mujeres ingresen a carreras científicas o tecnológicas, sino cómo evitar que las niñas descarten tempranamente esos caminos. A partir de su propia experiencia como ingeniera y del trabajo de la fundación, planteó que muchas niñas comienzan a autoexcluirse de las áreas STEM desde edades muy tempranas, producto de estereotipos, ansiedad matemática, falta de referentes y ausencia de oportunidades.
Farías relevó el poder de las palabras docentes en la vida de las estudiantes. Un profesor o profesora puede alentar, abrir posibilidades y fortalecer la confianza, pero también puede reproducir prejuicios que limitan las aspiraciones. En esa línea, destacó la importancia de visibilizar biografías de mujeres en distintos campos del conocimiento, pues “no podemos ser lo que no podemos ver”. La construcción de referentes, sostuvo, es una herramienta pedagógica y cultural decisiva para ampliar el imaginario de niñas y jóvenes.

Finalmente, Marcela Gutiérrez situó la discusión en el marco de las políticas públicas de igualdad y la educación no sexista. Desde el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, explicó que uno de los desafíos actuales es operacionalizar este concepto en diálogo con el Ministerio de Educación, considerando dimensiones como el currículum, las interacciones de aula, las expectativas y los entornos libres de violencia de género.
Gutiérrez subrayó que hablar de trayectorias STEM en igualdad implica también hablar de ciudadanía, democracia y derechos. Las niñas y mujeres requieren condiciones materiales, simbólicas e institucionales que les permitan desarrollar sus proyectos de vida con libertad, sin que los estereotipos definan anticipadamente sus posibilidades. Desde esa perspectiva, la equidad en STEM no es solo una meta educativa o laboral, sino parte de una transformación cultural más amplia.
Una red de colaboración entre el Estado, universidades, docentes, investigadoras y organizaciones sociales
La I Jornada Nacional de Docentes STEM concluyó con actividades de intercambio, ponencias, talleres prácticos y espacios de reflexión colectiva orientados a fortalecer experiencias pedagógicas innovadoras. Durante el encuentro, docentes de distintas regiones compartieron iniciativas vinculadas a autoestima, vocaciones científicas, planes de aprendizaje igualitario, trayectorias libres de sesgos, investigación escolar territorial y estrategias para fortalecer el autoconcepto de las estudiantes en áreas STEM.
De este modo, la jornada permitió consolidar una red de colaboración entre el Estado, universidades, docentes, investigadoras y organizaciones sociales, con el propósito de avanzar hacia una educación científica más justa, inclusiva y democrática. En un contexto marcado por desafíos como la crisis climática, la transformación digital, la inteligencia artificial y la necesidad de fortalecer capacidades científicas para el desarrollo del país, reducir las brechas de género en STEM aparece como una tarea urgente.
La jornada instaló una pregunta pública de fondo: qué tipo de sociedad se construye cuando niñas y jóvenes no pueden participar plenamente de los campos donde se definen buena parte de las respuestas al futuro. Desde esa interrogante, Ciencia sin Límites propone una convicción pedagógica y política: no hay ciencia sin equidad, no hay desarrollo sin inclusión y no hay educación pública plenamente democrática si el género sigue operando como frontera invisible del conocimiento.
