Centro de Estudios de Ética Aplicada:

"El papel de las universidades en las que se cultiva la Ética es fundamental en la discusión pública"

El papel de la Ética

El Prof. Íñigo Álvarez, académico de la Universidad de Chile y profesor del Centro de Estudios de Ética Aplicada, señala que desde el comienzo de la pandemia se dejó sentir en la universidad la preocupación por la situación y la necesidad de compartir los análisis y las propuestas. “Hemos visto cómo se han multiplicado los foros de diálogo, las jornadas, seminarios, congresos y similares. Con la pandemia se ha producido un aumento de la necesidad de compartir, de juntarse y hablar, de intercambiar ideas y una de las escasas cosas positivas que ha propiciado esta situación, que ha generado tantas dificultades por otro lado, ha sido la posibilidad de hacerlo con personas de todo el mundo a través de las plataformas virtuales, facilitándose la comunicación internacional”. 

En el caso de España, la Prof. Blanca Rodríguez López, académica de la Universidad Complutense de Madrid y del Máster en Éticas Aplicadas que coorganiza las jorandas, destaca el  fuerte contenido ético del debate público. “Se ha discutido mucho sobre la distribución de los recursos sanitarios, tanto los relacionados con la atención médica, como, sobretodo en los últimos tiempos, las vacunas. Con qué criterios se debía vacunar, por franjas de edad o por sectores que se consideran esenciales y, en este caso, qué sectores se consideran esenciales. Yo creo que esto nos ha puesto encima de la mesa, de manera muy frontal, la discusión sobre cómo repartir los recursos sanitarios cuando estos son escasos”. 

Por otro lado, explica, se ha generado debate a nivel de políticas públicas sobre si se debe priorizar las cuestiones económicas o las relacionadas con la salud. “En España hay Estados autonómicos que funcionan independientes respecto a la sanidad. Ha habido comunidades en las que las medidas de confinamiento y de cierre han sido muy extremas a costa de que mucha gente tuviera que cerrar negocios o abandonar trabajos y ha habido otras regiones en las que se ha querido no afectar a la economía tan directamente, entonces las medidas han sido mucho menos restrictivas. Ahora, claro, todos los índices de la pandemia allí están mucho más elevados”. 

Un tercer punto está relacionado con la libertad individual frente al interés común. “Es una discusión que se sigue dando. Hay un sector que no quiere vacunarse o que no quiere aceptar las medidas restrictivas porque siente que es un ataque a su libertad. Acá se está viendo una discusión acerca de cómo concebimos la libertad individual en los momentos en los que la conducta individual tiene una repercusión enorme”. 

Las universidades ante el debate ético

“El papel de las universidades y los centros de estudio, en particular en aquellos en los que se cultiva la ética, es fundamental en la discusión pública”. Todo el mundo puede reflexionar sobre los problemas de la realidad, explica Íñigo Ávarez, pero es en las universidades donde se encuentran las personas que han convertido esa reflexión en su actividad académica y profesional y, en consecuencia, se espera de ellas no la solución a los problemas, pero sí un análisis elaborado y una visión crítica más precisa, ecuánime, profunda. Y es eso, precisamente, lo que se necesita en el debate público.

La Prof. Rodríguez López señala que desde las universidades, para que esta sea una discusión pública, se están haciendo talleres y debates. “Esta misma mañana me ha llegado la noticia de un curso de verano para tratar todos estos asuntos. Se está llamando a los investigadores para que escribamos y lancemos números especiales de revistas y claro, también está la labor que como docentes hacemos con nuestros alumnos, sobretodo quienes hacemos Ética Aplicada y este año naturalmente surgen todas estas cuestiones con bastante fuerza”. 

Las preguntas éticas que nos ha realizado la pandemia

Íñigo Álvarez explica que con la pandemia nos hemos vuelto a hacer preguntas acerca de nuestra relación con el medio ambiente y con los animales, en relación con la expansión del ser humano sobre la Tierra, con la forma en que se ha llevado a cabo esa expansión y con las consecuencias que eso está produciendo al resto de los seres vivos y al planeta en general. “Si no es casualidad que nos hayamos encontrado con otra zoonosis, tenemos que preguntarnos si acaso habrá otra forma de vivir que no nos dirija a estos, y otros, resultados catastróficos (no sólo para los humanos). Además, al enfrentarnos al virus, hemos tenido que lidiar con cuestiones acerca de la capacidad y los límites de nuestra tecnología y con las posibilidades que se abren para el futuro en relación con las intervenciones biológicas en los humanos”. 

En el segundo año de pandemia, señala, mantenemos estas preocupaciones y sumamos a ellas nuestro cansancio y nuestra inquietud frente a un futuro abierto e incierto, pues no es seguro que vayamos a ir a mejor. “En todo caso, sea cual sea el camino que vayamos a transitar, debemos asumir que depende de nosotros. De ahí la importancia de mantener el diálogo vivo en este segundo año y en los que vienen”.

Blanca Rodríguez cuenta que en España ha predominado el debate sobre los asuntos medioambientales y en especial el cambio climático. “Desde esta preocupación, por ejemplo en mi universidad, la Complutense, hay un grupo de profesores agrupados bajo el nombre de Complutenses por el Clima. Se han hecho muchos esfuerzos en hacer visible la relación que tiene el surgimiento de este tipo de pandemia y de nuevas enfermedades con la degradación del medio ambiente y también con el uso que estamos dando a algunos animales, en este caso concreto, a animales salvajes”. 

Para Andrea Hidalgo, Doctora en Estudios Latinoamericanos y coordinadora de las actividades de docencia, investigación y vinculación con el medio del CEDEA, en el marco de las Jornadas Internacionales de Ética Aplicada, todos y cada uno de los temas que se tratarán se intersectan con la actual crisis sanitaria/ crisis social y política. “Si  bien esto no quiere decir que este vaya a ser el punto de vista exclusivo desde el cual los vayamos a tratar, es evidente que la crisis actual atraviesa todos los espacios del pensamiento y el debate ético actual, incluyendo a nuestras mesas temáticas”.

Solo por dar algunos ejemplos, señala, pensemos en la incidencia que la tecnología puede tener en la obtención de datos de las personas y sus movimientos diarios, como una manera de asegurar el cumplimiento de las cuarentenas y hasta qué punto esto pone en contradicción los ideales democráticos versus el mejoramiento de los indicadores sanitarios.

O el hecho que, pese a los cambios que se venían desarrollando en los últimos años respecto del derecho de los animales no humanos, la experimentación respecto del virus y la producción de vacunas haya utilizado a este tipo de seres sintientes casi sin cuestionamiento.

Otro tanto se puede decir de las intervenciones en humanos y hasta qué punto el mejoramiento de nuestros cuerpos podría ser una alternativa de defensa contra el virus. ¿Sería aceptable, por ejemplo, un experimento como el de la quimera humano/primate, recientemente desarrollada por científicos españoles en China, si el objetivo hubiese sido crear humanos inmunes al virus en vez de órganos para futuros transplantes?

Un empujón para redefinir las categorías políticas 

Para el profesor Íñigo Álvarez el primer desafío es el de mantener el diálogo abierto y construir un diálogo universal continuo, transparente, preciso, que nos permita identificar objetivos comunes, por generales que sean, y elaborar respuestas sólidas. “Tenemos ante nosotros el desafío de robustecer la función de la ética, de la reflexión ética, y extenderla a todos los ámbitos en los que se desarrolla nuestra vida”.

Otro punto interesante es el de las categorías políticas que utilizamos y las posibles redefiniciones que están sobre la mesa. Blanca Rodríguez advierte que en España, en la televisión pública y privada se ha hablado mucho acerca de la necesidad que hay de tener en cuenta, a la hora de distribuir vacunas, no solamente a las personas que viven en España, sean ciudadanos o extranjeros, sino también de hacer extensivo el acceso fuera de las fronteras “porque una catástrofe como es la pandemia ha hecho evidente que el mundo aunque sigue políticamente definido en términos de estados-nación y de ciudadanos de un estado-nación, la realidad nos enfrenta ante un mundo que es global. El problema medioambiental no se para en la frontera, el virus tampoco. De manera que no ya como un asunto de benevolencia hacia países más pobres o con un desarrollo técnico menos avanzado que el nuestro, sino en términos de nuestra propia protección tenemos que hacer categorías más inclusivas dado que hay asuntos que nos afectan a todos y yo creo que es una tarea que tenemos pendiente. Esto nos da un empujón más para redefinir las categorías políticas en esos términos y yo creo que es urgente hacerlo”. 

Como experta en temas latinoamericanos, Andrea Hidalgo, plantea que la realidad social de la actual coyuntura abre la posibilidad de explorar nuevos derroteros del pensamiento. La novedad de la pandemia, de alguna u otra forma, señala, sitúa a los diversos territorios en una suerte de igualdad de condiciones frente a una enfermedad para la que no se encuentran preparados ni médica,  ni ética, ni política o culturalmente hablando.

“No sostengo que hoy en día el sur y el norte global se hayan igualado, sino que las condiciones de la actual coyuntura ofrecen una posibilidad para plantear nuevas preguntas que pongan de relieve no solo la existencia de las metrópolis, sino que arrojen luz sobre las realidades del sur global y cómo, finalmente, es el mundo entero el que se enfrenta, sin fronteras posibles, pues el virus no las conoce, a un desafío sui generis.  Baste como ejemplo el caso de África y las preguntas que podemos hacernos al respecto: ¿Por qué es África uno de los continentes  menos infectados? ¿Es esto nada más que un error de cálculos? ¿o es más bien que su cultura e historia le han permitido a los africanos estar mejor preparados para un fenómeno como este? ¿Qué puede el mundo aprender de África?” 

Estas son las preguntas que un centro como el CEDEA debe esforzarse, sino en responder, al menos en plantear, apunta. “Es en este contexto que esperamos generar una reflexión en conjunto desde Chile y desde España, en lo que esperamos constituya una nueva propuesta, descentrada y multifacética, del debate ético”.  

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